Qué bonitas son las leyendas y que nos gusta creer en ellas. Hay cierto misterio y fascinación por la figura de Paganini. ¿Realmente hizo un trato con el mismo diablo para ser el mejor violinista de la historia o todo se basaba principalmente en talento y constancia? Vamos a dar una vuelta por la vida del violinista y luego sacáis vuestras propias conclusiones.
Niccolò Paganini solo fue el mejor violinista de la historia, y su habilidad para tocar el instrumento se basaba principalmente en talento y constancia. Si a eso le añadimos que el pobre hombre sufría una enfermedad que afectaba a sus extremidades y que su madre contaba que se le apareció el diablo para hacer un trato por el alma del pequeño, la leyenda está servida, vamos allá.
Paganini nace en Génova en octubre de 1782. Con tan solo 5 años mostraba grandes dotes musicales tocando virtuosamente el violín y la mandolina y a su mamma no se le ocurre otra cosa que decir que el diablo se le apareció una noche e hizo un trato con él a cambio de que su hijo fuese un virtuoso del violín.
Su padre le obliga a tocar más de 10 horas al día, contratándole al mejor profesor de música, que después de oír tocar al pequeño, rechaza el trabajo diciendo que no tiene nada más que enseñarle y aquí la leyenda empieza a tomar forma. “que si toca como él mismísimo diablo”, “que es imposible ese talento siendo tan niño”
Con tan solo 10 años da su primer concierto. Cuando el público lo ve por primera vez la leyenda toma más realismo debido a su aspecto físico. Se cree que el pequeño sufría de una enfermedad llamada Síndrome de Ehlers-Danlos que afectaba a sus extremidades. Debido a dicha enfermedad Paganini tenía las extremidades muy alargadas y flexibles, las manos le llegaban a las rodillas y podía doblar sus articulaciones de tal manera que parecía que no tenía ni huesos ni músculos, cosa la cual le benefició en su carrera, ya que esto le permitía tocar a una gran velocidad y llegar a las notas más difíciles sin esfuerzo con una “monstruosa habilidad”. Aparte de todo esto el chavalín no era muy agraciado, era muy pálido, desaliñado, de nariz aguileña y ojos hundidos, lo que contribuyó aún más a alimentar la leyenda del diablo.
Considerado uno de los mejores violinistas de todos los tiempos y el más virtuoso, fue un gran innovador en cuanto a la técnica del violín, una de sus características más destacada era su uso del arco, así que desarrollo una técnica llamada “spiccato” que consiste en golpear el arco contra las cuerdas para producir un sonido rápido. A él también se le debe el desarrollo de las técnicas “pizzicato” y el “tremolo” que son ahora fundamentales para cualquier violinista. Además, antes de él, el violín era un instrumento de acompañamiento, pero él lo convirtió en un instrumento solista.
Escribió más de 20 conciertos para violín, algunos de los más desafiantes y memorables, entre ellos cabe destacar 24 caprichos, escrita probablemente entre 1801 y 1807 y reconocida como una de las obras más difíciles de violín, se compone como su nombre dice, de 24 piezas, cargadas de notas dobles, pizzicato de la mano izquierda y un arco spiccato interminable.
Si juntamos todo esto el apodo del “violinista del diablo” le aseguró parte de su fama y riqueza y toda la leyenda que le rodeaba le servía para crear expectación, envidias, y una tremendísima curiosidad, todos querían ver, aunque fuera una vez, a un hombre tocar el violín de manera sobrenatural, como si del mismísimo diablo se tratara.
Realizó giras por toda Italia, Viena, París y Londres. Fue director musical en la corte de Elisa Bonaparte, hermana de Napoleón y de quién dicen fue amante. Allá por el año 1833 en París conoce al compositor francés Héctor Berlioz (autor de la Sinfonía fantástica) a quien le hace el encargo de componer un concierto para tocar en público su recién adquirida viola (hoy conocida como la Paganini-Mendelssohn) y Berlioz que estaba fascinado con el talento del violinista no dudó en aceptar. El compositor empezó a componer Harold en Italia (sinfonía programática, que evoca musicalmente varias escenas del poema de Las peregrinaciones de Childe Harold de Lord Byron) pero Paganini al ojear el primer movimiento de la obra, decide no tocarla al ver que había demasiados silencios y que no iba a estar tocando todo el rato. Aun así Berlioz siguió componiéndola y el día del estreno Paganini acudió al teatro y al finalizar el concierto subió al escenario gesticulando violentamente, ya que la enfermedad que al final le costó la vida le había dejado sin voz, llamó a su hijo Aquiles a quien le hablo al oído y quien habló en nombre de su padre: Mi padre desea asegurarle, señor, que nunca en su vida ha estado más poderosamente impresionado en un concierto, que lo ha conmovido y que, si no se contuviera, se inclinaría ante usted para agradecerle esta música.
Paganini se retiró de las giras en 1834. En su retiro abrió un casino que lo llevó a la quiebra, teniendo que subastar sus preciosos instrumentos, entre ellos cuatro de sus cinco violines, dos Stradivarius y dos Amati para afrontar las perdidas.
Su violín favorito un Guarnerius llamado Il Cannone (cañón en italiano) se libró y el violinista lo legó a la ciudad de Génova al morir, donde está expuesto en el Palacio Tursi. Para restaurarlo el violín fue asegurado en 30 millones de euros para viajar de Génova a Grenoble.
A Paganini le diagnostican sífilis en 1822 entre sus remedios medicinales se incluye mercurio y opio provocándole graves efectos secundarios físicos y psicológicos. Dos años más tarde contrae tuberculosis. En 1840 en un viaje a Niza su salud empeoró, el obispo de Niza le envía a un párroco para recibir los últimos sacramentos, pero Paganini pensó que era algo prematuro y que se recuperaría, negándose a recibirlos. Se equivocaba, el talentoso violinista sufrió una hemorragia interna y murió antes de que se pudiera volver a llamar al sacerdote. El obispo prohíbe enterrarlo en tierra consagrada, por su leyenda y reputación de masón por lo que el cuerpo de Paganini fue embalsamado y “almacenado” en el sótano de la casa donde murió. No fue sepultado hasta 1876 y hoy sus restos reposan en el cementerio de Parma.