Mis personajes favoritos (Mujeres)

Audrey, Siempre Audrey.

 

Yo no seria objetiva hablando de ella, probablemente las habría mas sexys, más guapas o con más o menos talento, pero para mi ella era única. Y todo lo que se pueda escribir o decir de ella a estas alturas está dicho. Pero hoy, en el 21º aniversario de su muerte, en el blog te recordamos.

Audrey y peck en vacaciones en roma

Recuerdo que la vi por primera vez en «Vacaciones en Roma»,(1953),  imagino que como la mayoría de chicas, quise ser ella al instante. Con 14 años las historias de princesas rebeldes viviendo un amor imposible, eran de las que más me gustaban. Recuerdo que mi tía, una tarde de verano después de comer, me dijo que en la tele ponían una película de esas «romanticonas» que me iba a encantar, y que si me apetecía que la viésemos juntas, no lo dudé, la playa podía esperar. Me conquistó al instante y al día siguiente alquilé todas sus películas.

Elegir mi favorita sería una ardua tarea, porque en todas me gusta, pero sin duda en «Desayuno con Diamantes»(1961) fue donde vi realmente a la Audrey que pasó a la historia por ese estilismo inmortalizado en el tiempo, que nunca ha pasado de moda y que todas hemos querido imitar en algún momento de nuestra vida. Confieso que en mi etapa de diseños de fieltro me hice un antifaz igualito al que salia en la película!!!

Desayuno con diamantes_antifaz

 

Pero también estaba realmente preciosa en «Una cara con Ángel» (Funny Face, 1957), en el papel de la encantadora Jo Stockton, una dependienta de una librería, inteligente, guapa y bastante tímida que ve como su vida cambia, cuando Dick Avery (Fred Astaire), fotógrafo de una famosa revista de modas la descubre y quiere hacer de ella la mejor modelo del momento.

En «Sabrina» (1954) , la vimos sufrir por amor al enamorarse de unos de los hijos de la familia Larrabee, familia para la que su padre trabaja como chófer. Los hermanos Larrabbe, el menor, David (William Holden) y el mayor Linus (Humphrey Bogart) acabarán rendidos a sus pies, cuando, después de una temporada en París, regresa convertida en una jovencita hermosa y elegante. El vestuario de la película recibió ese año el Oscar, lo tenían bastante fácil, ya que la gran Edith Head (una de las mejores diseñadoras de vestuario de la historia del cine, ganadora de 8 Oscar y nominada mas de 35 veces) estaba detrás de la transformación en cisne de la hija del chófer.

En este rodaje además, Audrey Hepburn y Willian Holden vivieron un apasionado romance, él le propuso matrimonio varias veces y ella lo rechazó debido a su incapacidad para tener hijos, dando así por finalizada su relación.

Años más tarde, en su biografía, Holden dijo de ella, «Fue el gran amor de mi vida».

«My fair lady», «Guerra y Paz», «Dos en la carretera», «Historia de una monja», «Como robar un millón», «Sola en la oscuridad», etc… son películas que guardo en mi colección de favoritas y que me encandilan siempre que vuelvo a verlas, o tal vez, me encandila Audrey, siempre Audrey.

Tuvo mala suerte en el amor, dos matrimonios fallidos, abortos, infidelidades y lucha de egos con sus parejas que la llevaron a volcarse en sus dos hijos y en su labor humanitaria como embajadora de Unicef. «Nací con una necesidad enorme del afecto, y una necesidad terrible de darlo», confesó.

Muchas imágenes de sus películas quedaron grabadas en mi retina, pero una que siempre me viene a la mente cuando se habla de ella es esa en la que pocos meses antes de su muerte, en uno de sus viajes a Somalia, para visitar a los más desfavorecidos, la fotografiaron llevando a un niño somalí, enfermo de sida, en sus brazos.

Le habían detectado un cáncer de colon terminal, sabía que sus viajes como embajadora de Unicef habían terminado y que ese seria el último, pero en su rostro se podía ver la bondad y la serenidad de la que siempre hacía gala y una belleza etérea, que aún con el paso de los años, no había disminuido un ápice. Una de sus frases a la vuelta de uno de estos viajes resumía su personalidad bondadosa y caritativa: «Recordar, siempre se necesita una mano que ayude, ellas están en el extremo de tus brazos. Mientras nos vamos haciendo más viejos, ellas nos recuerdan que una mano es para que te ayuden y la otra para ayudar».

Siempre huyó de etiquetas y títulos que la prensa le otorgaba, como el de  icono de moda, o persona influyente en Hollywood,  rechazó ser imagen de multitud de firmas y siempre fue fiel a su modisto y gran amigo Givenchy, el cual la vistió en casi todos sus films y creó para ella su perfume L´Interdit.

Hoy, en el 21º aniversario de su muerte, desde aquí mi pequeño homenaje a esta gran actriz y sobre todo gran mujer, de una calidad humana digna de admiración.

Me despido con la frase que se inscribió en su funeral  y con la cual estoy totalmente de acuerdo:

«Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepburn.«

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